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Toda comarca natural y todas las zonas geográficas con bagaje histórico son proclives a poseer su propia gastronomía. Cartagena aúna, y de qué manera, las dos circunstancias. Su historia es trimilenaria y geográficamente es la capital de una comarca natural que lleva su nombre, rica en sus diferencias: mar, llano y montaña.

El sentido original de la gastronomía concebido como una forma cultural primaria, como el habla o el vestir significa un enriquecimiento de nuestras tradiciones y del conjunto de nuestra historia, en suma, un verdadero tesoro de nuestro patrimonio cultural.

El gran humanista historiador y gastrónomo, Nestor Lujan definió la auténtica gastronomía tradicional como la que se consigue metabolizando el paisaje. Así, la gastronomía de Cartagena se surte de productos del mar, de la huerta y del secano para elaborar sus platos más emblemáticos. Estos productos autóctonos se enriquecieron con las aportaciones de las diferentes civilizaciones: ibérica, púnica, cartaginesa, romana, árabe y todos aquellos productos e influencias que las guerras y conquistas instauraron aquí.

Centrándonos en los dos últimos siglos podemos referirnos a la influencia francesa de la independencia y de los afrancesados; el trasiego comercial con el resto del mediterráneo; la gran afluencia de gentes de toda España que demandó la industria naval y militar, la minería, etc. Todo ello aportó costumbres y usos, sin olvidar esa cocina de recurso, imaginativa y sabrosa inspirada en la supervivencia resultado de las privaciones y las situaciones socioeconómicas provocadas en su mayor parte por las numerosas guerras y postguerras.

Por ello, algunos platos cartageneros y su elaboración son comunes en grandes áreas del Mediterráneo. No en balde Cartagena, fue el lugar por donde se expandieron estas civilizaciones por el resto de España. Por citar algunos ejemplos, de la antigua Grecia ha quedado la costumbre de sazonar los guisos con variedad de condimentos como el hinojo, el apio, cominos, alcaparras, orégano, cebolla tierna, ajo, tomillo, perejil, etc., también se ha heredado de este pueblo la forma de asar el pescado a la sal y el arte de tratar la matanza del cerdo. Por su parte, los cartagineses introdujeron el garbanzo en Europa por Cartagena. Y los romanos tiñeron los guisos de amarillo por el azafrán; pero, el gran legado romano fueron los salazones, vigentes de una manera vigorosa en nuestros días. La impronta de los árabes tuvo también un lugar en la cocina cartagenera. El uso del arroz y la ciencia de su cocción y la dulcería que ha perdurado en la tradición; también promocionaron el cultivo generalizado del almendro por la demanda que su fruto tenía en sus elaboraciones, los asados de cordero, las especias, los frutos secos, las "pelotas" tradicionales, el uso de la hierbabuena fresca, etc.

Jaime I conquistó el Reino de Murcia y valencianos, catalanes, aragoneses colonizan sus tierras. Cartagena, su comarca fue colonizada por mayoría catalana, dejando una tradición culinaria impagable como los sofritos en los guisos y, por supuesto algunas palabras con las que se denominan a algunos productos hortícolas: pésoles, bajocas, talvillas, etc. El descubrimiento de América trajo plantas desconocidas que se incorporaron también a la gastronomía, por ejemplo, el tomate y los pimientos.

Finalmente, en la actualidad, Cartagena conserva, sobre todo en las casas particulares, su gastronomía tradicional: la de mar, la de huerta y la de secano. El área rural es donde más y mejor se han conservado la mayor parte de la riqueza gastronómica, sin embargo y a causa de la gran demanda de mano de obra que la ciudad tuvo desde el último cuarto de siglo del XIX por la industria naval, militar y minera, así como por todas las mejores infraestructuras que se produjeron en este siglo en la ciudad, emigró mucha población campesina a la ciudad, extendiéndose usos y costumbres, entre ellas la culinaria, y esta conjunción bien amalgamada, con la cocina de mar de Santa Lucía, del Mar Menor es lo que define a la gastronomía cartagenera propiamente dicha. Destacan los embutidos de cerdo típicos del Campo de Cartagena por su excelente calidad, como las morcillas de cebolla, morcones blancos, y longanizas (blancas y encarnadas) secas, y los platos gastronómicos relacionados con la matanza, tales como el cocido de pava con pelotas, la olla de cerdo, morcilla de pobre, etc.

El plato rey del litoral murciano es el Caldero, elaborado con arroz, gran variedad de pescado de roqueo, como dorada, mújol y mero, ñoras y pimentón. Junto al caldero destacan los langostinos del Mar Menor cocidos o a la plancha. La olla gitana, el potaje de pilongas, el guiso de pescado blanco en crudo, pescada de palangre, jureles blancos, musola, la cazuela de almadraba, potaje de cuaresma, cocido de invierno o el encebollao son algunos de los platos más representativos de la cocina cartagenera.

Otros platos muy populares son: un pescado- magre, mújol, dorada o lubina- a la sal o al horno y el arroz preparado de diversas maneras: con bacalao y verduras, de segadores, con conejo y pésoles negrets, con pollo campero, con boquerones y pimiento verde, con costillejas en adobo, con pulpo o con pava. Además son famosas la ensalada cantonal, basándose en salazones varios (hueva, mojama, bonito) y salmuera, las talvillas de habas en ensalada, y la tortilla de chanquetes.

También son típicos exquisitos platos como el pulpo roquero a la cartagenera, patatas al ajo cabañil o asadas, la gallina o pollo en pepitoria, el conejo o pollo con tomate y pimiento o el cabrito al horno.

e prefiere comer los guisantes y las habas crudas por la calidad de estas verduras, acompañados de bonito o bacalao. Las olivas partidas, tápenas, caparrones y tallos son productos de secano muy representativos en los platos autóctonos.

Otros de los platos de la rica y singular oferta gastronómica son las migas, hechas con pan, acompañadas con embutido de la zona o con chocolate, las gachas migas de harina con tropezones y uva e higos verdales, o los michirones, realizados también con embutido y habas secas.

Entre la fruta, a destacar, los melones de Pozo Estrecho, de gran calidad, sin olvidar los higos de pala (chumbos), melocotones y las sandias de temporada.

Algunos postres típicos son: el pastel de la cierva, romanones, higos baldaos, arrope y calabazate de mosto de uva y el tocino de cielo, así como una gran variedad de repostería como, los cordiales de almendra, las flores con azúcar o miel, pastel de mayeros, pastel de moño, tortas y empanadas de boniato, tortas y rollos de pascua, bizcocho serení, exploradores, suspiros, etc.

Estos platos son regados con excelentes vinos dorados que se producen en el Campo de Cartagena de elaboración artesanal, con el sabor de fruta fresca, y una graduación de 16 a 18 grados. Una producción reducida entre las que destacan los denominados Vinos del Plan (debido al nombre de la pedanía donde tiene lugar su elaboración) que fueron exportados por todo el Mediterráneo por los romanos, se caracterizan porque son acaramelados y abocados, blancos, tintos y rosados.

Las bebidas típicas que sobresalen en Cartagena son el asiático, que consiste en café con leche condensada, coñac y canela. Es atribuible su invención a Pedro Conesa Ortega, conocido por Pedrín el de los asiáticos, que desde su famoso bar de El Albujón se ha hecho archipopular. Junto al asiático, el reparo, que es una mezcla de coñac y vino viejo; la láguena, coñac y anís; el ruso, leche con azúcar y coñac; la paloma, anís dulce y agua; y los licores de frutas caseros, sobre todo de mayeros.

   
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